Caída precedido de Triunfo, que reúne la traducción de Caure y Triomf, fue publicado en 2015 por Amargord. Traducción de Ana Gorría y Joan de la Vega, y prólogo de Kirmen Uribe.

caida

La mirada de Laia Noguera mira a la realidad desde atrás y la reconoce, como a un familiar, como a alguien que siempre te ha gustado y nunca te has atre­vido a decirle nada. Sabe quién es aquella persona, puede que la alcance y la salude, o puede que le deje ir por su camino. Pero nos cuenta cómo es la realidad describiéndonos su lado oculto, nunca la aparatosa gesticulosidad del rostro. Sería demasiado fácil. Mejor imaginárnosla.

Dicen que Beethoven, una de las fuentes inspiradoras de Laia Noguera, cuando estrenó la novena sinfonía y supo realmente que había escrito una obra maestra, no se dio la vuelta para saludar al público que lo aclamaba. Quería mirar a los miembros de la orquesta y al coro. Mostrarles a ellos su gratitud. Laia mira también al interior del poema, a los músicos invisibles que le van dictando las palabras que luego lleva al texto. Tiene muy buen oído y se fija mucho en la musicalidad, cuida el ritmo no solo de cada poema sino tam­bién de la composición que crean los poemas entre sí. No está pendiente de la audiencia, sino de su propio interior. Pero no muestra de una manera explícita su biografía, y es que, según Anne Carson, “vaciarse toma tiempo, vaciarse es un misterio”.

“Empecé / porque conocía aquel dolor” escribe Laia Noguera. Reconocer el dolor es siempre el mejor punto de partida, para hacerlo visible, poder co­menzar a superarlo o para reírnos de él. Es de ahí de donde surgen los mejores poemas. Escribir era eso. Gracias por recordárnoslo, Laia.

Del prólogo de Kirmen Uribe

Algunos poemas:

Hay en la luz una razón oculta, algo particular.
El mundo es esencialmente limpio, a pesar de las geografías y los túmulos.
La transparencia.
Que las cosas pasen no significa en sí que el dolor exista.
En sí.
Vivir es una orquesta sinfónica.
Una asimetría.
Porque también existe la compleción y, a veces, los regalos buscados.

*


La piedra se degrada.
Me lleno y me vuelvo a vaciar.
A veces me siento muy cerca.

*

Como un espectro, una figura
vigilante, y no hay espacio
para escaparse.

Esto
sin palabras.

*

Yo no camino.
Es la tierra la que me camina.
Me caminan las encinas.
Los líquenes y las piedras me caminan.
Me caminan los pájaros.

Me camina todo el cielo sobre la espalda,
sobre la cabeza.
Me camina bajo los pies,
bajo el corazón y la mirada.
Y yo no soy.

Yo no soy nada.
Soy la hoja,
la sombra pequeña de la hoja,
la pizca de aire que se estremece
dentro de la sombra pequeña de la hoja.

Yo no camino.
No camino ni hablo,
porque es ella la que habla:
la tierra que me camina por encima
de todo lo que pienso que soy.

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